martes, 12 de febrero de 2013

El Fútbol y sus aledaños (100) - Hermanos de fé



Hermanos de fé

Hermanos de fe, el mundo es grande, inabarcable, porque fuimos nosotros los primeros que lo transitamos, los primeros que medimos sus distancias y le dimos sus dimensiones. El mundo es un escenario cierto porque fuimos nosotros quienes le dimos nombre a las estaciones del recorrido, a los sentimientos y a las sensaciones, al fervor de la victoria, la congoja tras el fracaso, porque fuimos nosotros quienes llenamos con nuestras propias imágenes lo que ahora constituye la primera memoria del fútbol. Blanco y negro, solo en elegantes tonos de gris, para que la camiseta del equipo no perdiera ni uno solo de sus colores -que son todos al tiempo-, para que no se alterara ni en un solo detalle del recuerdo tras despertar del sueño. Porque no lo fue, porque fue Real, porque el Madrid fue quien alzó la primera copa, en un brindis que ahora parece eterno y de otra era. Ni uno solo de espera y 32 años uno detrás de otro. A veces el tiempo no es nada y otras impide rpogreaar hacia el futuro como la maleza el paso en el sotobosque. A veces significa angustia y otras es unidad de medida ineficiente para calibrar lo que tarda en realizarse una esperanza, que en realidad es premonición, un destino que se sabe ineludible y que abruma porque poco somos y lo que seremos es mucho y parece excesivo.

Fue otra idea del genio, que la hubo de hablar para poder llevarla a la práctica con la gente del diario francés L'Equipe, porque entonces en España no había infraestructura y carecía de casi todo, salvo de ideas. Porque el estadio que luego llevaría el nombre del genio se alzaba en la linde de la ciudad en espera de aficionados con que llenarlas, sobre las colinas resecas en las que aun pastaban los rebaños de merinas y ovejas castellanas. Tres años antes había completado una obra faraónica, en plena posguerra, un estadio para que cien mil almas rugieran como el viento llegado de la sierra, que era además su telón de fondo, en un descansadero de la Cañada Real Galiana, la vía pecuaria que es la columna vertebral de la ciudad, ahora invadida por el asfalto. Y quería llenar el coso, dar motivos para que la gente acudiera desde todos los rincones de la urbe, llenarlo de fútbol para que pudiera llenarse de ilusiones y de las personas que les dan rostro, de hermanos de fe, de tribus madridistas, de sueños en blanco y negro, los dos colores con los que se han ganado Copas de Europa. Nosotros también le pusimos colores al mundo, inauguramos sus rutas. Nada se hizo antes de que nosotros lo inventáramos.

Di Estefano fue el primer héroe de las crónicas de viaje y el Madrid de 1950 el primer cartógrafo. Pero, hermanos de fe, nosotros no inventamos el mundo. Su semilla ya estaba en la cabeza del genio cuando el fútbol aun era joven, tal vez ya incluso cuando su principal tarea era pintar las líneas de cal en el estadio de O'Donell para que pudiera iniciarse un encuentro. Y fue el madridismo la tierra donde germinó. Un estadio inmenso con los espectadores siempre en pie, como sus jugadores sobre el campo, sin hincar la rodilla ante ningún rival por poderoso que fuera. París iba a ser la capital del imperio y en ella reinamos dos veces. Venidos casi de la nada, de entre la niebla, blanca como los sueños premonitorios, Paris, Madrid, Bruselas, Stuttgart y Glasgow fue el primer periplo, para volver a sumirnos en la niebla del tiempo en Escocia de nuevo y poder iniciar un nuevo ciclo, distinto, más tortuoso, pero igual de hermoso. El mejor partido y el mejor gol ocurrieron en las tierras altas, y en momentos dispares. Recorrimos el mundo y lo hicimos nuestro, dejamos nuestra huella, abrimos trochas y senderos, perdimos y ganamos, pero siempre fuimos la tropa que se enseñoreaba en el campo de batalla y a batir por el aspirante.

Hermanos de fe, el mundo habla nuestro idioma, aunque los bárbaros reciten oscuros conjuros en lenguas extrañas para sofocar nuestro imperio. Estamos solos, pero somos los suficientes para llevar a cabo la empresa. Volvamos a escribir las reglas. Porque solo el Madrid, sus tribus, tienen la potestad de abolirlas cuando quedan obsoletas, o de promulgarlas cuando se abre un vacío de justicia en el mundo. Mañana es la fecha, la misma de tantas veces. Hoy, en la víspera, acudamos a la llamada. Oigamos solo la voz de los nuestros. Solo en ella habrá sosiego y verdad, amparo y hambre de gloria. Y cuando acabe el partido honremos a nuestros adversarios, que comparten con nosotros ese largo recitado que forman las estrofas de la historia del fútbol. Y silenciemos a nuestros enemigos con nuestro desprecio, porque es precisamente nuestra existencia, que tanto les enoja, y nuestros códigos, que para poder rebatirlos creen que fueron llamados, lo que les separa a todos ellos de la nada absoluta.

En la República del Fútbol

No se si conocéis la anécdota, si no es así estará bien porque me apetece contarla hoy, víspera del encuentro entre el Real madrid y el Manchester United. La conocí por la narra su autora en un texto sobre los griegos clásicos. Lo cierto es que no venía mucho a cuento por la temática del libro, estaba incluida casi con calzador, pero fue para bien al fin y al cabo porque he de reconocer que la obra de Edith Hamilton me aburrió una pizca quizá. Habla sobre la necesidad de retrotraerse a lo básico, a las raíces de lo que somos cuando arrecia la tormenta y la propia identidad está en risgo, en trance de mutar en algo que por lógica no podemos anticipar, que tal vez suponga enriquecimiento, pero también pérdida. El libro trataba de la cultura raíz de la tradición europea. Los griegos pusieron los cimientos de lo que hoy es Occidente, con sus sucursales antaño en América, que ahora casi es su núcleo.

Contaba la autora de "El camino de los griegos" (Colección Noema, Coedición de Turner y Fondo de Culrtura Económica) que, allá por el siglo XIX, en plena Francia ocupada por el ejército alemán, poco después de la batalla de Sedán, que supuso la caída de Napoleón III y, con él, del Segundo Imperio Francés, un profesor del Colegio de Francia, institución docente parisina de enorme prestigio, propuso en clase de literatura estudiar aquel año la obra de Goethe. Ante las protestas de algunos de sus alumnos les hizo saber que "Al reunirnos aquí estamos en un país libre, en la República de las Letras, país que no conoce fronteras fronteras, donde no hay francés ni alemán, que no conoce prejuicio ni intolerancia". En la víspera del primer gran partido del Real Madrid, en este ambiente pre-bélico propiciado por la prensa con motivo del enfrentamiento con el Barça, que se decidirá a final de mes, me gustaría pensar que cuando la actualidad está muy influida por alguno de estos grandes eventos vivimos en la República del Fútbol, en la que no hay enemigos sino rivales, donde se honra lo que hay de excelencia en la cultura del adversario por ser parte integrante de esa república ideal. Algo que no hace Manolo Lama, por ejemplo, al tratar de denigrar a Alex Ferguson y de minusvalorar al equipo que dirige. Al primero sólo por ser amigo de Mourinho, y tal vez éste su sucesor en los Red Devils. Al segundo para tratar de anticiparse al daño causado por una hipotética victoria del Real Madrid en el paradigma actual del fútbol tan maniqueo, con buenos y malos en los rincones del cuadrilátero que ya sabemos.

Con ese espíritu, el que trataba de insuflar en sus alumnos el profesor del Colegio de Francia, una televisión británica publicitaba la retransmisión del encuentro con un vídeo en el que tanto el Real Madrid como el Manchester eran tratados como lo que son, leyendas del fútbol dignas de todo respecto, que al ser bien tratadas afianzan en la realidad esa República del Fútbol virtual cuya fundación propongo. Lo quieran o no, el Real Madrid, el madridismo, supone para el fútbol europeo lo mismo que la cultura griega clásica para la civilización occidental, el referente, la raíz, el cimiento que hizo posible lo que vino después, que incluso sigue siendo referentes. El Madrid representa los dos puntos que permiten trazar la línea de la historia del fútbol europeo, el origen de coordenadas y el ángulo respecto a la vertical. Cada vez que se pierde el rumbo, la calma en el análisis, como ocurre ahora, el foco hacia el que dirigir la mira para calibrarla es el Real Madrid de las 5 Copas de Europa, o el que culmino el milenio pasado con 3 títulos en años alternos, o el que ahora despunta y los múltiplos enemigos tratan de abortar, o cualquiera de los intermedios que sin llegar a la excelencia alimentan el mito. Ojalá el de mañana sea un partido para recordar, un hito kilométrico en la historia del fútbol, como sus dos precedentes.

Arenga antes de la batalla

Ando escribiéndole a CR7 -el rey retornado, según la prensa, que lleva 4 años luciendo la corona- la arenga para antes de la batalla. Este sería el primer borrador:

"Bajad a defender, hacedles frente... Caballeros de la Yihad, madridistas subversivos, mis hermanos de fe. Veo en vuestros ojos en mismo miedo que encogería mi propio corazón. Pudiera llegar el día en que el valor de los vikingos decayera, en que olvidáramos las nueve Copas de Europa y se rompieran los lazos de la comunidad, pero hoy no es ese día en que una horda de periodistas zoofílicos, una dieta excesiva en Carbo idiotas y escudos besuqueados por disfrazados rubricaran la consumación de la era de Bernabeu... Pero hoy no es ese día... En este día lucharemos por todo aquello que vuestro corazón ama, por este buen césped que aborrecen los hortelanos. Os llamo a luchar: Hombres del oeste (aquí desenvaináis los de norte y sud América), hombres de la frontera (aquí los catalanes), hombres de oriente..."

Hasta aquí he llegado, pero es que... No se... No lo veo del todo novedoso y original. Me suena y no sé de qué

1 comentario:

  1. Emotivo y hermoso, como nuestro equipo. Por lo que el RM supone para la historia del fútbol, por lo que el fútbol le debe al RM y el RM a la pelota, por los cientos de miles de aficionados que durante tantos años se ilusionaron viendo jugar y pelear, ganase o perdiese, por todos estos motivos, es tan importante la temporada en curso. No por ganar o no ganar uno o más títulos, de hecho, ya tenemos uno, si no, por conseguir de una vez por todas, desembarazarnos de falsos complejos, de garrapatas y de sanguijuelas que viven gracias al RM y que cada día intentan debilitarlo. Urge la limpieza externa e interna. No sé si Florentino será capaz y estará dispuesto a sacrificar parte del ahora por el futuro. Su reconocimiento llegaría tarde, pero perduraría más allá de ser el que salvó al RM de la ruina económica tras el paso de presidentes fulleros y sinvergüenzas. Sólo don Santiago tendría más fuerza que él en el recuerdo. Y no sé si será capáz, por eso mi esperanza de refundación está en manos de mi tocayo portugués, si no se le terminan hinchando las visceras y manda todo a tomar viento fresco.

    ResponderEliminar