jueves, 21 de junio de 2018

El Fútbol y sus aledaños (197) - Laboratorio de botánica



Laboratorio de Botánica
(España 3 - Irán 3; Mundial de Russia 2018; Fase de grupos)

Algo que llevo siempre en el bolsillo de un tiempo a esta parte es el cuentahílos que me regalara mi padre mientras cursaba la carrera. Es un utensilio fascinante, una lupa del tamaño de una moneda de dos euros -Quizá algo más. ¿Un dólar de plata americano tal vez?- encerrada en un armazón metálico que la protege y hace las veces de estuche, con los bordes reglados para precisar el tamaño de las cosas. Es una herramienta poderosa capaz de cambiar la escala del mundo, de descubrir lo que se oculta detrás de su tamaño, de hacer accesible al ojo lo que elude nuestra mirada. Todo entomólogo y botánico debería llevar uno siempre consigo. Dos universos que se complementan, ya que los insectos se alimentan de las plantas y viven, aman y sueñan sobre ellas. La primera vez que lo utilice con provecho fue para esclarecer la dolencia de un jazmín que crecía en una maceta. Mi hermana se había enterado de que había cursado un master sobre patología vegetal y me pidió socorro para la planta que adornaba su ventana. Y eso hice, cambiar el mundo de escala. Miré aquellas hojas que languidecían incomprensiblemente en pleno verano y a pleno sol y en un instante todo quedó esclarecido. Donde aparentemente no había nada de repente se hicieron evidentes una miríada de seres diminutos. Conté patas con los dedos. Ocho en todos y cada uno de aquellos seres celéricos y escurridizos. “Tiene una plaga de ácaros”, le dije, y prescribí un acaricida de la tienda de flores. El mayor éxito de mi carrera profesional hasta la cortina de burbujas en el puerto del Musel en Gijón. Pero esa es otra historia.

¿Qué puede aprenderse del partido de ayer? Bien poco si no cambiamos la escala en lo que vemos. Tal vez que las iraníes pueden ser bellísimas cuando no visten el burka y que es una pena que no las permitan acudir al fútbol en su país. Que a Queiroz le sigue faltando nervio para orquestar una reacción cuando la victoria se le escapa. Que solo hay fragilidad en quien solo quiere derramar el tiempo para que se agote. Bien poco más. En todo caso nada que no sea periférico a lo que nos importa. Sara Sálamo alerta en Twitter de que Isco salvó a una avecilla caída sobre el césped llevándola a la banda, y si bien es verdad que la idea ya me rondaba la cabeza, acepto la sugerencia por venir de quien viene y pongo mi cuentahílos sobre el malagueño. Y entonces los detalles se perfilan. ¿Qué habría hecho Mou si hubiera visto un pajarillo vencido sobre la hierba? ¿Tatuarle el dibujo de la suela sobre la pechuga? ¿Echarlo al caldo negro con el que alimenta a su tropa espartana? ¿Hay cabida para la ternura en el fútbol? El tema es realmente sugerente. A mí al menos me lo parece. Pero ya tranquilizo a quien me pueda estar leyendo diciéndole que no pienso ir por esos derroteros. No obstante, confieso que si miro mi corazón con el cuentahilos tampoco salvo favorecido. Los iraníes parecían pobres en las escalinatas de la iglesia, barbudos famélicos, siempre suplicando desde el suelo al árbitro entre quejidos y llantinas. Pues yo no les habría dado ni una triste limosna. Entomología, Botánica y ornitología son las tres patas de la misma banca, la santísima trinidad del naturalista provisto de cuentahílos en el bolsillo sin más afán que ver mundo.

Ya a simple vista Isco fue el único dibujo nítido sobre el relieve del partido. No hicieron falta aumentos para ver que era el dueño del encuentro, pero visto en la intimidad del detalle todo se vuelve más claro: Iniesta y Silva son cariños que han envejecido mal. Solo hubo juventud en España en las conducciones de Isco. El malagueño trasciende al tiqui-taca, es otro capítulo en la historia de La Roja, y ayer le agradecí de veras que añadiese tramas nuevas al relato nacional balompédico. Ver al balón ir de aquí para allá para volver siempre al mismo lugar es algo que me desespera. Las triangulaciones de España eran una fastidiosa rutina que solo rompían las conducciones de Isco. Un logopeda para un fútbol tartamudo incapaz de completar una frase. Perderla, si acaso, en el área rival siempre dice más del juego que se practica que una sílaba que ya se ha repetido hasta la extenuación cuando apenas se ha podido atisbar la tesis vertebra el discurso. Mil pases en corto, innecesarios aunque acertados, seguidos de uno errado solo sirven para engordar estadísticas, son grasa en los tejidos, colesterol del malo. Ni siquiera Lucas Vázquez se atrevía de veras con el uno contra uno en su banda. Que decir de Jordi Alba en la otra, que como buen pagador se limitó a devolver todo aquel balón que le prestaba un compañero. Tantos extremos, verdaderos y postizos, para que apenas se centraran balones al área desde el territorio del córner. Ni que Diego Costa hubiera ido disfrazado de Sleepy Hollow, el jinete sin cabeza.

Mirando hacia otros lugares de la anatomía del partido con el ojo desnudo es más lo que no vemos que lo que podemos apreciar. Seguimos sin noticias de De Gea. En el gol correctamente anulado a Irán volvió a convertirse en estatua de sal, como si fuera incapaz de no mirar hacia esa Gomorra que le señala el dedo acusador de Pdr Snchz. Un fax que llega tarde, un presidente por accidente, Cristiano como rival en vez de como compañero de vestuario. Se le acumulan los motivos para la melancolía. Piqué volvió a quedarse con el papel de propiciador de chistes en Twitter. Un túnel que le hizo uno de esos barbudos pedigüeños y que no acabó en jugada de gol de milagro tuvo la culpa. Lo invisible y lo evidente dominan todo el panorama. Casi dan ganas de dejar el cuentahílos en el bolsillo. Pero si no vamos provistos de él, si no calzamos el ojo con la lente redonda es complicado verle las ocho patas al bicho que hizo languidecer el partido. Hicieron falta varias repeticiones para percatarse que fue la involuntaria rodilla de Costa la inesperada profilaxis. A pase de Isco, por cierto. Diego no quería. Es decir, quería pero no de esa manera. O sea, le daba igual el modo pero había apostado por otra forma… ¡Puñetas, la tartamudez de ideas es algo que se contagia! Sin embargo, miro con el cuentahílos a Isco y veo con claridad meridiana sobre el limbo de la hoja que no solo pretendía ese pase vertical en profundidad sino que calcó el logro directamente de sus deseos. Una minúscula maravilla en un fútbol aparentemente sin atributos. Es legítimo el orgullo de Sara, la ornitóloga. Por cierto el otro día la mentí un poco: no soy taurino. Es que no podría soportar caerle bien. En general no soy anti de casi nada. Apenas solo del Barça, y no desde siempre. Del mourinhismo una vez saqué la lupa del bolsillo. Y ahora de su trato. Si careces voluntariamente de lo que crees que necesitas evitas el peligro de las adicciones. En una adicción para el madridismo podría convertirse el juego de Isco en un Madrid sin Cristiano ni Bale. Si Hierro lo quita de la alineación tenemos asegurado el síndrome de abstinencia en La Roja. Silva e Iniesta, el resto de la vieja guardia, ya no sirven como fármaco sustitutivo. El malagueño es medicina que ha de suministrarse por vía intravenosa.

La imagen que ilustra este escrito es una perfecta metáfora de lo sucedido ayer por la tarde en Rusia. Isco y España no estuvieron ayer en la misma escala de tamaño. La segunda fue como una invalida criatura que tuvo que ser socorrida por el naturalista aficionado para no ser pisoteada por una horda de insectos a los que se les multiplican las patas. Ecología y fútbol, ese tipo de cosas que suceden en el esplendor de la hierba.
Nada nos devolverá los días
del esplendor sobre la hierba,
pero nos recordaremos
y fortaleza hallaremos
en lo que de ello nos queda.
Emocionantes los versos de William Wordsworth pero, contradiciendo su espíritu, diré que más de uno se ha ganado con creces su jubilación en Asia o en la Premier. Imperdonable la juventud de Asensio languideciendo en la banda, lejos de la verde floresta.


martes, 19 de junio de 2018

Soy lluvia

Soy lluvia

“Soy lluvia”, me dijo, y desde entonces soy incapaz de encontrarla en mis días soleados. “Me precipito sobre el mundo desde todas partes. Tras de ti. Ante ti. En uno y otro horizonte”. Ahora su risa, que hasta entonces me mostraba la luz, es bruma que enmascara las formas. Sólo vi en su revelación lo que hasta entonces era un secreto, presencias ocultas, colisiones en la niebla, la existencia de un tercero. Si al menos yo hubiera sido el segundo…

Y ahora soy yo quien la traiciona, porque me dijo: “explícalo; cuenta que fui nube antes de ser río, que soy capaz de impregnar el mundo, de regar lo baldío y volverlo fértil”, y si ahora vuelco estas palabras en el suelo es con la esperanza de que se mezclen nuestras aguas, de que mojen sus pies descalzos antes de que viertan sobre su cauce. El agua siempre vuelve a su origen, la escorrentía siempre discurre pendiente abajo en la ladera por el camino más corto. Me evaporo al tiempo que tú, camino por el aire contigo, ¿es que acaso no lo ves? Esa es la tiranía de la lluvia, que es para todos y por tanto no pertenece a nadie. Lo moja todo, da vida a todo, se escurre entre los dedos, está aquí sólo para poder ir a otra parte. Ahora estás con él aunque te sigas precipitando sobre mí en este otoño infinito.

En ningún lugar más factible la lluvia, me digo, que en el paisaje de tu tierra, que entre los umbríos robledales, que sobre las rosas y las genistas. Rojo y amarillo que tiñen las gotas de crepúsculo y mediodía, de euforia y melancolía, de manso aguacero y tormenta. Eres lluvia y por tanto eres musgo, eres lluvia y por tanto eres hierba y eres hoja, los mil tonos de verde dibujados en la floresta. Eres lluvia y por eso lo nutres todo para luego no ser nada, nada más allá de la promesa de la materia, que fecundo potencial de vida. Eres lluvia y por eso eres mía aunque seas de todos, un paisaje común que iguala los estados de ánimo en quien a contemplarte se atreve, espíritu que rezuma y exhala como la ropa mojada, morriña de incierto motivo, cielo nublado pero también rompimiento de gloria. Imperdonable es que haya tardado tanto en comprenderlo. Más lo sería sino lo celebrase a pesar de mis lágrimas.

Ton Petty - "Free Fallin"


sábado, 16 de junio de 2018

El Fútbol y sus aledaños (196) - Taller de escritura


Taller de escritura
(España 3 - Portugal 3; Mundial de Russia 2018; Fase de grupos)

Si quieres fidelizar a tu potencial lector, estimado ídem, si pretendes cambiar las tornas conmigo, hacer lo que yo hago ahora mismo y que yo sea vicevérsico respeto a tí, si quieres engancharlo de las solapas en la primera agarrada y cobrar ventajas, como si de un combate de yudo se tratase -¿qué tal lo estoy haciendo yo?. Vale, dejémoslo-, hay dos reglas básicas que deberás seguir. La primera ya nos la explicó García Márquez muchas veces, era una conferencia que recitaba de memoria porque dominaba: Sedúcelo con una gran primera frase. El primero en la frente, ya se trate de un beso o un castañazo. Luego, si eres capaz de no rebajar la calidad y la capacidad de impacto en el resto de tu escrito es que eres un genio, o Milan Kundera. O ambas cosas a la vez Yo sé de uno al menos que lo ha logrado. Pero tampoco te esperes que te concedan el Nóbel. Dicen que los académicos andan distraídos con los tocamientos.

La segunda regla es que nunca deberás desvelar ni tu tesis final ni tus propósitos en el arranque. ¿Qué es lo que hacemos cuando no nos gustan o no nos interesan el titular o la entradilla con el resumen de un artículo de periódico? Exacto: obviar los párrafos que siguen, pasar página. Y lo último que queremos ser al escribir es una derrota prematura, no antes al menos de haber podido desplegar nuestras tropas en el campo de batalla. Quizás nos contentemos con ser un amor efímero. Quizás le perdonemos a nuestro amante lector la eyaculación precoz. Quizás nos hayamos creído esa pamplina de haz el amor y no la guerra. Sólo digo que el amor de verdad es el que se queda, el que está dispuesto a compartir incluso el momento del pitillo. Y que en la guerra gana quien permanece, quien sigue en pie sobre el tatami tras acabar el combate, sobre el campo de batalla. Que es además quien ejercerá de cronista de lo sucedido. ¿No hablamos acaso de escribir? Venga, un breve repaso de lo que hemos visto hasta ahora: un buen agarre es imprescindible para lograr un ippon o, dicho con el lenguaje del marketing: promete lo que quizás no seas capaz de dar si te asegura la venta, pero nunca desveles lo que sí, por si acaso careces de compradores en ese que al final será el segmento real del mercado en el que estás posicionado.

Dicho lo anterior, paso seguidamente a incumplir las reglas que acabo de exponer y defender: Si España no ganó ayer a Portugal, a pesar de transitar por la excelencia en no pocas fases del encuentro, fue porque se empeñó en ello con cerril contumacia y porque Cristiano está investido con el don del gol. Kundera hace literatura con cualquier frase. En realidad con todas. Ronaldo hace gol en cualquier jugada, aunque no en todas. Porque no practica el balonmano, que si no… Es como un niño chico: se enfada y monta berrinches cuando va perdiendo, con el rival, con el compañero, incluso con al Seño o el profesor de gimnasia; Dice que no quiere jugar con aquel (Jordi Alba) o con ese otro (Piqué) porque le caen mal. Acapara balón por que dice que ha sido él quien lo ha traído de casa. Pero es el (puto) amo del patio. (Entre paréntesis lo que está entre paréntesis porque ahora mismo estamos en el horario infantil, y además aspiramos a ser lectura para todos los públicos…) y nunca se da un minuto de recreo (… y porque hay que dar al César lo que es del César). Cuando el partido expiraba, ya después de su gol de falta, le decía a mi hermano, que lo estaba viendo conmigo: “Aún le queda el gol de cabeza”. Porque ya nos había un ejemplo de cada de casi todo su muestrario y daba la impresión de que quería agotarlo: El gol de penalti por él provocado; El gol de libre directo que pasa junto al portero como una exhalación, como el momento del café en una jornada laboral (éste gol, además, hizo de cuadrilla de la limpieza con la escuadra del lado que supuestamente defendía el portero); El gol que minimiza al arquero rival, que ojalá acribille la prensa especializada como a un san Sebastián. Faltaba la pavesa incendiaria, la que hubiera reducido a cenizas nuestras aspiraciones en el mundial. He de decir que 5 minutos temiendo a CR7 son toda una vida. Era algo que sabía porque está en el manual, pero me faltaba verlo desde la perspectiva adecuada para poder interiorizarlo, desde la trinchera de enfrente, porque nadie escarmienta en cabeza ajena.

Pero vayamos al meollo de las cosas. Vosotros no lo hagáis mientras aún os quede algo que decir que juzguéis interesante, sexi o contundente, según os guste el argot hippie o el belicista. Vosotros ponedlo aunque no sea pertinente. No escribís para aportar datos a vuestros lectores sino emociones. Los fallos nos condenaron. Fallos en una cantidad capicúa: Una chiquillada de Nacho para empezar, otra de Piqué como última cifra y, entre medias, el afán de De Gea de que le ningunee la historia del fútbol. Vale, soy injusto, el dio el O.K. a la llamada del Madrid, pero convendremos en que provocar nuestra añoranza de Casillas, siendo exagerados incluso del ultimísimo Casillas, no es la mejor de las credenciales para entrar en los anales. Y prometo por la memoria de don Alfredo que no trato de hacer un obsceno juego de palabras, aunque ese sí que pareciese el empeño constante a lo largo de todo su desempeño, darnos por (…) a todas horas. ¡Cuánta líbido! De Gea dio la peor versión de sí mismo, porque es inimaginable pensar que cualquier otra no hubiese podido ser mejor. Era como si su único afán fuese borrarse de la lista de futuribles de la horda vikinga, que todos sabemos que será la que siga saqueando en el futuro los tesoros de abadías y federaciones. Tratar de borrarse es lo que hizo ayer De Gea todo el rato. En el penalti se dejó caer como un fardo hacia el lado contrario al que apuntaba la trayectoria del balón. En la falta hizo de convidado de piedra, como si estuviéramos en día de difuntos. Por un pelo no lo fue. Hombre, algo de Tenorio tiene Ronaldo, sino que se lo digan a Irina, pero tampoco es cosa de estar dándole la réplica en todos sus diálogos. “Yo a los cielos subí y a los infiernos bajé, y en todas partes dejé memoria amarga de mí”. Chicos, los entrecomillados son importantísimos, que siempre habrá algún despistado que crea que eres culto. También las anécdotas intempestivas, como aquella del tilo a cuya sombra Zorrilla escribió su obra más famosa. Nota: desarrollar si acaso esto último en la versión definitiva del borrador que se entregará a la imprenta para la corrección de erratas y fallos ortográficos. Ah, si escribís en Word os ahorráis etapas. Retomo el discurso que me voy por las ramas: Si en una de las salidas a por uvas de De Gea casi llega el cuarto de Portugal, el que hubiera sido el tercero en estricto orden cronológico, en el segundo logró transparentarse, volverse insustancial y ser capaz de traspasar la materia. Más bien al revés, que la materia le traspasase a él. Lo dicho, para verlo en el futuro del Madrid hay que ser el niño del “Sexto sentido”. Primero, segundo, tercero y virtual cuarto, en todos los goles encajados por España De Gea fue cómplice necesario. Recordad: hay que halagar al lector. A los madridistas les chiflan los ordinales, en especial los de dos cifras. Y por lo que respecta al que espero que sea por mucho tiempo el portero del Manchester, nada más que alegar, señoría, por parte de la fiscalía. Y mira que su novia me gusta… mucho, me hace sentir un niño de Disney. Las novias nunca deben influirnos en nuestras opiniones. Las de los demás, se entiende, que lo que digan las nuestras va siempre a misa. Ni tan mala era la de Casillas ni tan buena la de Diego López. Y la de Isco ni idea, pero me ha convertido en un auténtico recordman de la envidia.

Pero, ¿dónde está mi sentido de la equidad? ¿a qué obedece mi perdón a Nacho y Piqué? Si, esto no lo había desvelado aun, porque al escribir no solo se puede sino que se debe jugar con el tiempo. Adivinar el pasado, recordar el futuro, ese tipo de cosas. Cuando escribáis quebrad la flecha del tiempo con un golpe de rodilla. Veréis que gusto da al oírla chascar. Al guisar un escrito no se debe escatimar con las especias que aportan sabor: paradojas, dobles sentidos, cambios de opinión en mitad de la exposición, giros dramáticos. Cada vez que le deis vueltas con la cuchara al potaje un pellizquito de esto o de aquello no vendrá mal. Que no alimente no es importante, pero será imperdonable que resulte insulso. Por lo que respecta a Piqué, estar enfadado con él, seguir estándolo siendo precisos, es trabajar en balde. Simplemente, el muchacho es tonto. Última muesca en su revólver: El documental de Griezmann. Bien reciente. Como quien dice, aun queda viruta de los arañazos sobre la cacha. La estupidez ajena, y la de Piqué trasciende a lo que ocurre en el terreno de juego y también todo sistema de medida, no ha de tomarse como algo personal, por más molesta que pueda resultar.es como ese esparadrapo pegajoso que no hay forma de quitarse de encima En cuanto a Nacho, en el reside el verdadero filón del relato. La beta emotiva es clara. Su gol no salda cuentas porque sea extremadamente bello. Trallazo con el empeine a bote pronto cuya trayectoria más que fútbol parece billar. Español porque toca banda antes de lograr la carambola. Y americano también porque emboca la bola en la tronera. Tampoco las salda porque sea oportuno y parezca cambiar el paradigma científico. De repente lo que era cuesta arriba se tornó cuesta abajo, el contexto newtoniano se tornó einsteniano. La trascendencia de su disparo, como un enorme atractor, hizo que el espacio se curvara. Por eso el balón pareció cambiar de intenciones sobre la marcha. Pero no, nada de eso, su gol salda cuentas porque es pura emoción, el giro de guión que a Spielberg seguramente habrá gustado. Nacho, al que siempre se le alaba su fiabilidad, su consistencia, todas las virtudes que avalan a un buen funcionario, se nos reveló de repente en el verdadero protagonista del drama. El impacto de su bota con el esférico fue un fogonazo de pura emoción. Luego, a partir de ahí, pareció trascender de lo material a lo espiritual. ¿Quién era ese Nacho que sustituyó al de siempre durante el resto del partido? ¿El ave fénix que cabalga Mercurio? ¿Maradona reconvertido en lateral? ¿El ladrón de bicicletas que persigue Carvajal en un decorado de Cinecitá? Todo eso y aún más: la pavesa incandescente para inflamar el partido que luego no supo ser Cristiano.

El partido de ayer en buena medida me reconcilió con el fútbol, con lo que tiene de inspirador. La final de la Champions es una película que ya hemos visto mucho, con cuyo final hace spoiler la rutina. Quien se puede emocionar. Nah, es broma. Con partidos así, como el de ayer también, es difícil no amar el futbol. Te hace hasta mejor persona. ¿O es que acaso Rubiales no tuvo que admitir en su fuero interno que echaba de menos la pizarra de Lopetegui? Y, el resto, ¿No tuvimos que admitir lo injustos que hemos sido con Diego Costa? Le pones barba a Romario y tenemos al Costa de ayer. Se la afeitamos a reglón seguido y tenemos a Ronaldo Nazario. ¿No nos habíamos enterado de su ascendencia brasileña o qué? Es comprensible, ayer fue el perfecto ejemplo del tiqui-taca español. Nadie combinaba mejor. De repente hablaba el mismo lenguaje que Silva, Iniesta e Isco, como si estuviera endemoniado de Roja y hubiera adquirió de repente el don de lenguas. Que se obviase la falta a Pepe en su primer gol nos evitó el bochorno de que se anulase el que a lo mejor acaba siendo el mejor minuto de fútbol del mundial. Perdónanos Del Bosque, que estás en cielos, por haber pecado. Tenías razón. La reivindicación de costa es la otra beta de emociones que ofrece el partido. Jugad con ella a la hora de hacer los deberes que os asigno para mañana: Una redacción sobre el empate. Al que no le inspire el encargo, mourinhistas y gente así, le dejo que escriba sobre la victoria en el WiZink Center. Qué obsesión con el resultado. Aprended de los indios que llevan siglo y pico sin mojar y tan felices y orgullosos.

jueves, 14 de junio de 2018

Una declaración de amor tuitero

Una declaración de amor tuitero

Perdóneme el atrevimiento de abordarla. Es usted asombrosa. Lo que desconozco es si esto que le digo es una afirmación o una pregunta, un ruego o un reproche. Lo que sí sé es que si la tutease (cuan parecidos los sonidos de los verbos tutear y tuitear) correría el riesgo de perder la compostura. Así que seamos cautos y formales, decimonónicos, vistamos los gestos para no desnudar los deseos en nuestra primera cita. Lo es desde este mismo momento en que accede a leerme. 

Yo a mi vez la leo y casi puedo verla: inteligente, culta, ocurrente, juvenil, gentil, primorosa. Todo lo que mi imaginación anhela, y le aseguro que puede ser exhaustivamente creativa. Palabras en vez de rasgos, espíritu para suplir lo tangible, piel que se transmuta en escritura y me permite la osadia de rozarla, de adivinar su pálpito, de auscultar la temperatura de su cuerpo. Es usted cálida al tacto de mis ojos. Sería capaz de abrigar mi invierno, de derretir el hielo de mi glaciación y hacer que coagule en flores de primavera, de congelar el infierno solitario que habito con el celestial coro de su timbre. La leo y es como escuchar un coro de músicos angelicales como los que dibuja El Greco en sus inmaculadas. Así que permítame ser su arcángel San Gabriel y que le anuncie que está usted preñada de gloria.

Lo paradójico es que le hablo desde el anonimato. No del mío sino del suyo. Mi única esperanza de que se sienta aludida es que se reconozca en mis palabras. Pero una modestia en desacuerdo con sus méritos sería un contratiempo. Así que no le diré que es usted perfecta, la medida que colma el cáliz de la belleza, el segmento que cierra el trazo del círculo. Candor hecho geometría en el diseño sin contorno de una gota de escarcha. Temblor en la minuscula emoción de un pétalo agitado por la brisa. Permítame que sea abstracto, y un tanto relamido quizá, en mi boceto de usted, pero le eseguro que en el dibujo de mi imaginación sus pómulos están perfectamente perfilados y reclaman el tributo de mis caricias y de mis besos. Una deuda que estoy dispuesto a pagar en este universo o en el otro.

Ante todo me fascina su misterio, desconocer la clave que la descifra como enigma. Respira usted en cada frase y siento el vaiven de su pecho línea por línea en cada tuit. Trato de amoldar mi discurso al suyo para poder respirar su mismo aire. Porque conversar con usted es como cohabitar en un mismo espacio, como existir en el mismo universo puede que no solo virtual. Ya he sentido el prodigio de sentirla cerca cuando me habla. En el país de las ideas las distancias se desdicen si no se pronuncian y siento su voz cálida y próxima.

Así que, hábleme, se lo ruego, para poder poner norte a mi desatino, para poner brújula a su embrujo, para señalarme un horizonte a mi mirada. Su voz abarca los cuatro puntos cardinales y necesito el aplomo que me transmite su acento para lograr abarcarla. Hábleme además para que en mi réplica pueda  ser excesivo, para que pueda explicarle lo que mi corazón alberga, lo que me hace sentir y que no siento, que no quiero reprimir, porque es puro e inocente como el idioma construido por el párvulo alumno de su ternura. Besar su frente quisiera.

"Brakout" - Swing Out Sister

martes, 12 de junio de 2018

Rescates de Twitter (28) - Un nuevo hobby

Alanis Morisseti - "Hand In My Pocket"


Un nuevo hobby

1.- A medida que pasan los años me gusta cada vez menos discutir. Discrepar incluso. La razón es obvia, aparte de la lógica pérdida de fuelle vital.

2.- Cada vez es más frecuente que en mitad de una discrepancia, en especial si no es amistosa del todo, me recuerde a mí mismo en algún momento del pasado sosteniendo la postura contraria.

3.- Cambiar de trinchera es un negocio en el que todos somos operarios altamente cualificados. A veces es un simple cambio de punto de vista, de sensibilidad, una nueva priorización de objetivos, una reevaluación de aliados o adversarios.

4.- Otras un nuevo dato que se ignoraba y que lo cambia todo, como el ácido que cae gota a gota sobre una solución tampón hasta hacerla cambiar de color.

5.- Tendemos a despreciar lo obvio, lo cotidiano, lo que abunda en nuestro entorno. Lo raro, lo escaso, lo inhabitual es el patrón oro de nuestros afectos y nuestras estimas. Y, sin embargo, lo que nos rodea a diario es nuestra verdadera patria. Y mi país está poblado por plátanos.

6.- Pero lo estoy explicando mal. Tengo nuevo hobby, quien sabe si una profesión si se me hubiera ocurrido antes: la arboricultura, el estudio del árbol desde todo punto de vista, en especial de la estabilidad, para evitar que se desplome sobre nuestras cabezas como si fuéramos galos.

7.- No sé porque llegué a la conclusión de que el plátano de sombra era un recién llegado a la ciudad, un advenedizo a una generación vista en el paisaje urbano. En mi barrio no sé plantaba otra cosa cuando empezaron a trazarse calles y aceras allá por los 60s.

8.- Una moda, me dije. Solo el cinamomo, la Melia azedarach, compite con el plátano de sombra en cuanto a número de ejemplares ocupando los alcorques en los aledaños del estadio Bernabéu, que es donde vivo.

9.- Y por ese acostumbrarse mi ojo desde niño a su corteza multicolor y a sus hojas pelosas y palmeadas, como las del arce, decidí relegarlo a un rincón de mi abotargada capacidad de asombro. Que lo creyera forastero vino a empobrecer mi calificación, xenófobo que es uno a veces.

10.- Y, aclarémoslo ya, no podía estar más equivocado. Vaya un dato por delante para abrir boca. Dicen que fue Cimón, el hijo de Milciades, el héroe de Maratón, quien plantara plátanos en el ágora de Atenas para hacer más llevadera la canícula estival a sus conciudadanos.

11.- Ágoras, foros, plazas, el plátano es el árbol urbano por excelencia de las ciudades europeas desde el arranque mismo de la civilización occidental. Un respeto para el plátano, oiga. No, si se lo digo más que a nadie a mi yo del pasado.

12.- Pero sigamos por esta senda, que es la que quería transitar desde un principio: Platón ambienta su diálogo entre Sócrates y Fedro, sobre la inmortalidad del alma nada menos, a la fresca sombra de un plátano.

13.- Y si bien es verdad que hay otros árboles más longevos: el tejo, el ciprés, la misma secuoya, a la hora de perdurar tampoco es manco el plátano. Afirman que a la sombra de uno de ellos Hipócrates, el precursor de la medicina moderna, impartía sus lecciones a sus alumnos.

14.- Un árbol, por cierto, que aun vegeta 25 siglos después y que se alza orgulloso en una plaza de la isla de Cos, en el egeo. Bajo esa misma fronda dicen que San Pablo predicaba las enseñanzas del Maestro en el albor de la era cristiana.

15.- Longevo y sabio, porque más sabe el Diablo por viejo que por Diablo, el plátano ha cobijado y acunado la cultura europea desde que esta empezó a echar sus primeros dientes al resistirse al empuje de Darío I en aquella playa que distaba exactamente 42.195 metros de Atenas.

16.- Cuenta Herodoto que el hijo de Ciro, Jerjes, cuando marchaba hacia Grecia al frente de la tentativa 2.0 del imperio aqueménida de fagocitar Europa, a su paso por Lycia vio un inmenso y majestuoso plátano.

17.- El árbol iluminó su mirada. Ordenó montar su tienda al pie del tronco para poder pasar la noche bajo el manto de sus ramas y engalanar éstas con panes de oro, como si de construir una nueva bóveda celeste llena de brillos nocturnos se tratase.

18.- Uno de los inmortales de su guardia personal quedó a cargo de la vigilancia de tan espectacular ejemplar. Hubiera venido bien para los de hoy día a los que cualquier aprendiz de jardinero prescribe una poda.

19.- Por muy persuasivos que sean Frank Miller y Zack Snyder en su 300, ya lo decía Gore Vidal en su novela "Creación", esa historia que tuvo su capítulo final en Platea, se ha contado casi siempre mal, de forma interesada al menos.

20.- Donde está la barbarie o la excelencia, lo inusual o lo tedioso, es una cuestión de puntos de vista, y estos cambian, eso ya lo sabemos quiénes recorremos el sendero ya en el trecho de regreso.

21.- Hace 20 años, que no son nada, afirma el tango, un hemíptero, una chinche, para entendernos, la Corythucha ciliata, tan bella como mortal, amenazaba con extinguir los plátanos del viejo continente. Ese era el miedo que había entonces.

22.- El insecto pica con su trompa con forma de jeringuilla las hojas del plátano, y, al hacerlo inocula un hongo en el torrente sanguíneo de la planta, la Apiognomonia veneta, causante de la enfermedad de la antracnosis.

23.- La antracnosis provoca derrames en los vasos de las hojas, que dejan de ser funcionales. En los 90s aquello parecía un jaque mate en toda regla, como lo iba a ser la grafiosis para el olmo. Y dos décadas después la vida vegetal, ha coronado sus peones en las aceras de Madrid.

24.- Cambiar de opinión no debería avergonzarnos, tampoco descubrir lo poco que sabemos sobre aquello de lo que opinamos. Bueno, esto último sí. Pero el que tiene boca se equivoca y provoca la estéril discusión.

25.- No hace mucho hice saber a uno de mis profesores en el curso de arboricultura mis objeciones al plátano: Vulgaridad en la repetición de su presencia, liviandad por la fragilidad de su salud, tedio por conocerlo desde siempre.

26.- Yo pensé que caminaba entre simples mortales y descubro que lo hago entre gigantes. Cuenten que viví en los tiempos de Cimón y de Julio César, que dejara crecer uno de ellos en su villa de Córdoba, al que regaba con vino durante sus orgias.

27.- Los romanos copiaron de los griegos su gusto por los plátanos, nosotros de los primeros. Si hay plátanos en Madrid es porque siempre ha sido así, en sentido estricto y figurado, y porque es lo acertado.

28.- Pocos árboles viven con menos y aguantan mejor la continua agresión que supone un entorno urbano. El árbol es convecino nuestro.

29.- Un plátano es capaz de mantenerse erguido aun con su tronco podrido y casi hueco por el ataque de los hongos xilófagos que se comen sus entrañas.

30.- Como el de los toros en La Ventas, su máxima es morir de pie vomitando el corazón por la boca y hacer brotar el chorro en la dirección que marca la espada.

31.- Plinio el Viejo asegura en su Historia natural que el cónsul romano en Lycia, un tal Lucinio Muciano, pudo dar un banquete para dieciocho comensales en el interior de un tronco de plátano.

32.- Y que no hubo estrecheces de espacio lo sabemos por ese mismo cronista. Y ya sabemos que a los romanos les gustaba permanecer recostados durante los ágapes.

33.- Tres juegos menos de cubiertos tan solo tuvo el festín que organizara Calígula en La Veletra en el interior de otro plátano, y empiezo a pensar que por donde se precipitara el conejo de Alicia fue por una de estas cavernas vegetales.

34.- Ahora que vuelvo a ser pobre paseo bajo el dosel de copas de los árboles de las aceras tratando de identificar especies por la corteza de los troncos. ¡Qué vulgaridad usar las hojas, flores o frutos como elementos de diagnóstico!

35.- Placeres gratuitos que ofrece la ciudad. Y ninguna tan arbolada como la de Madrid, a la que sólo supera Tokio en su obsesión por poblar el horizonte de arbolado.

36.- Paseo con una mano en el bolsillo y la otra presta a dar cinco por lo alto a quienquiera que se cruce conmigo, y son los plátanos quienes más fácil me lo ponen con su corteza que parece diseñada por Roy Liechenstein o Andy Warhol.



La consagración de las pecas. Variaciones sobre un tema de Daryll Hall & John Oates

La consagración de las pecas
Variaciones sobre un tema de Daryll Hall & John Oates
(ojalá haya a quien le suenen estas líneas a Stravinsky)

You're out of touch
I'm out of time
But I'm out of my head when you're not around
(Out of touch)

Ahora que solo hay silencio entre nosotros, corregir quisiera el amargor de mi soledad con la miel de tus pecas, lograr que mis palabras te lleguen y te mojen, convertir tu ausencia en rocío para mis frías y secas mañanas. Sentirte manar, eso es lo que quiero, zumbar despreocupado entre la floresta tras la lluvia, evocar tu sexo y zambullirme en él con el entusiasmo de un insecto, libar el néctar de tu pasión con los artejos de mi boca, ser solo instinto animal en vez de árida inteligencia.

Reblandecer mi áspera e hirsuta piel con la humedad de tu recuerdo, eso es lo intento mientras te convoco en las horas que preludian de otra ácida aurora, sentir que esta vez sí el amanecer puede cristalizar como granos de azúcar, que la existencia podría ser como el glaseado que cruje entre mis labios cuando pronuncio tu nombre.

Si lamo mi cuerpo quiero que me sepa a ti y que me sepa a pecado, redimir tanta sacrílega distancia con el recuerdo de tu dulzura, ponerme en ruta y encallar camino de tu costa entre la bruma de tus pecas para ser el náufrago que justifique un rescate, para poder hablarte de nuevo, para sentirte de nuevo en la proximidad de un roce, para reconciliarme con tu presencia donde baten las olas y la espuma sabe tan salada como saben tus rizos. Conjugar cuerpos como quien conjuga verbos para que rimen ideas en un poema.

Equidistante de la inexistencia y de mi latido, eres real apenas mientras te pienso, mientras te verbalizo o te hago escritura, mientras comulgo con tu cuerpo en el templo de las deshabitadas sábanas. Pecas que son oblea que se deshace en mi boca, solo me nutre el espíritu pensar en la juvenil y feliz geografía de tu rostro, esbozar flores amarillas y coloradas en el boceto de tu cuerpo que mi imaginación dibuja. Amar es algo tan naïf como creer que hay otros dioses que no sean los que habitan tu olimpo, como pensar que el silencio solo se rellena con palabras, que es sólo tu miel lo que vuelve pegajosos mis dedos.