Soneto Venticinco
Soneto Venticinco
Un amor ardiendo para tu lumbre
Tengo mío para soñar tu cumbre
no más herramienta que mi tesón
y en el centro mismo del corazón
un amor ardiendo para tu lumbre.
Una cobijura de certidumbre
tan fuera del feudo de la razón
y como tributo a su salvación
mi libertad presa de tu costumbre.
Tengo con la vida el tácito acuerdo
de perseguir tu rastro hasta su causa,
de orillar el océano de tu recuerdo.
Tengo apenas de tu atención su excedente,
un movimiento que en tí se hace pausa,
tan poquito de tí que ya no intente.
16, 17 y 30 de agosto de 1985.
10 y 11 de septiembre de 1985.
domingo, 23 de noviembre de 2014
Soneto ventiuno
Soneto Veinteiuno
Sobre un tiempo ahora pasado
Al juzgar aquellas horas vividas
diré sobre un tiempo ahora pasado
que fue un continuo sentirse alejado,
que fue un continuo existir a escondidas.
Que es imposible evitar las heridas
no lo creerás hasta verte arañado,
que del amor todos creen infundado
que haya al andarlo probables heridas.
Dolerá saberlo al fin tan distante,
dolerá su recuerdo tan vacío,
su fruto de presente vacilante.
Nadie podrá ni herirlo ni ignorarlo,
borrar de mí su ascendente sombrío,
hallar una razón para negarlo.
3 de septiembre de 984
1 de octubre de 1984
26 y 27 de diciembre de 1984.
Sobre un tiempo ahora pasado
Al juzgar aquellas horas vividas
diré sobre un tiempo ahora pasado
que fue un continuo sentirse alejado,
que fue un continuo existir a escondidas.
Que es imposible evitar las heridas
no lo creerás hasta verte arañado,
que del amor todos creen infundado
que haya al andarlo probables heridas.
Dolerá saberlo al fin tan distante,
dolerá su recuerdo tan vacío,
su fruto de presente vacilante.
Nadie podrá ni herirlo ni ignorarlo,
borrar de mí su ascendente sombrío,
hallar una razón para negarlo.
3 de septiembre de 984
1 de octubre de 1984
26 y 27 de diciembre de 1984.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)