miércoles, 6 de noviembre de 2013

El Fútbol y sus aledaños (147) - La invasión de los ladrones de cuerpos

¿Cómo se atreven a llamar 'cono' a un jugador del Real Madrid?...

Álvaro Arbeloa, por fin de naranja...
Nicolás De Marco - @nicolasdemarco
http://www.goal.com - 4/11/2013

¿Cómo se atreven a llamar 'cono' a un jugador del Real Madrid?...

Se aguarda con expectativa la salida del Real al campo de la Juventus, luciendo la nueva equipación. En las redes sociales se han despachado a gusto con el lateral merengue

Que Álvaro Arbeloa no es el más dotado técnicamente con el balón no es una novedad. Que sus cualidades defensivas han comenzado a mermar en los últimos tiempos, tampoco. Lo cierto es que en la calle sus detractores llaman 'cono' al lateral del Real Madrid, y eso era algo injustificado pues ningún cono viste de blanco. Y mucho menos de azul o verde, las equipaciones alternativas que utilizaron en los últimos tiempos los merengues en sus presentaciones fuera de casa.

Pero el momento que varios estaban esperando llegó. O llegará en algunas horas, cuando el equipo de Carlo Ancelotti salte al terreno de juego de Turín para enfrentar a la Juventus por la cuarta jornada de la Champions League. De ser titular Arbeloa, el técnico italiano le regalará al mundo una imagen para el recuerdo. Una fotografía que se quedará para siempre en la retina de aquellos pequeños y crueles demonios que han asemejado al exLiverpool con aquella útil herramienta de la vía pública. Y es que el tachado de 'conoman' dejará de ser, por fin, parte del imaginario colectivo. Será una realidad, pues el Real Madrid vestirá de naranja ante la 'Vecchia Signora'.

En las redes sociales se frotan las manos y aguardan con muchísima expectativa la salida del Madrid al terreno de juego. Será único y rozará lo emotivo ese instante en el que las cámaras de la UEFA tomarán al defensa del conjunto capitalino con la equipación que, según buena parte de los internautas, mejor le sentará al internacional español. En algunas horas sabremos cuál es el hashtag utilizado por los tuiteros para hablar de este histórico suceso, un momento que quedará grabado en la memoria de todos: la noche que Arbeloa se vistió de Arbeloa.

Blatter en Oxford


La invasión de los ladrones de cuerpos

En la fábula filmada por Jack Arnold en 1956, en plena guerra fría, "La invasión de los ladrones de cuerpos", la pesadilla comenzaba con una sencilla propuesta, elemental pero imposible, solo factible en el universo de la Ciencia Ficción o de sus arrabales literarios, el terror y el Fantasy. Una mujer denunciaba a su vecino que su marido ya no era su marido, si no un desconocido, alguien con su mismo semblante, pero totalmente ajeno. Y primero era el marido y después el hijo y, finalmente, la mujer cesaba en sus quejas por que ya tampoco era ella misma. Rodada cuando la cruzada del senador McArthy estaba en su apogeo, con una lectura que no es clara en cuanto a si está a favor o no de la histeria colectiva en la que vivió sumida la sociedad norteamericana por aquellas fechas, en las que creía ver enemigos internos por todas partes, topos, espías y traidores -¿nos suena el escenario dramático a los madridistas? A mí bastante-, se considera a la película un producto lógico de la guerra fría que sostuvo el que se autodenominaba, con cierta inocencia naïf no exenta de soberbia, como "Mundo Libre" con el bloque soviético. Guerra que sería también fría la que sostiene el madridismo consigo mismo desde hace un año, o por ahí, si no estuviera actualmente más al rojo vivo -la lucha me refiero, el uniforme no pasa de naranja cono de tráfico-, que el culo de un mandril en época de celo.

Un día algunos creímos ver que Casillas ya no era san Iker, que ya no nos apetecía tomarnos una caña de san Miguel con él en cualquier tasca de barrio. Y fue justo tras verle palmarse la cara en pleno Ñú Camp, denunciando el enésimo atraco al Real Madrid en primerísimo plano de las cámaras de televisión. Al día siguiente la mitad de los avatares de Twitter tenían por imagen el gift de la escena, e Iker se cacheteaba sin cesar la mejilla, ad infinitum, de arriba abajo en el TL del madridista medio concienciado. Fue alcanzar aquel esplendor y súbitamente después, sin solución de continuidad, iniciarse la pesadilla. Fue el día que le vimos salir del campo abrazado y en buena compaña con el culé way of life de La Roja en pleno. Xavi, Casillas, Piqué y Busquets, eran los nuevos amigos de Casillas, y desde entonces vimos que su carácter se había atemperado, que nos traía un nuevo orden mundial, es decir, futbolístico, con una paz posible con el enemigo a costa de entregarse a ellos, ser ellos, dejar que ellos fueran nosotros, que se apoderaran de nuestros cuerpos y nuestras almas blancas. Desde entonces vivimos la pesadilla, y todos los días nos trae la misma "vaina", la de que algún otro nuevo jugador merengue ya no es quien era, si no un traidor que habría que quemar para evitar que la simiente de la especie extraterrestre invasora esparza su semilla por nuestros campos y jardines, por el césped del Bernabeu. Arde Twitter quemando ladrones de cuerpos desde entonces por doquier, como la Plaza Mayor de Madrid un día de auto de fe. Los fuegos son tantos que dicen los que ven las cosas con la debida perspectiva que desde el suelo de la Luna son solo visibles dos obras humanas: La Gran Muralla China y la lucha intestina del madridismo.

Aquellos polvos han traído estos lodos. Más bien los polvos levantados por tanta explosión atómica han traído este invierno nuclear en que vivimos inmersos, con una atmósfera tan cargada de materia en suspensión, de detritus flotante, que la luz del sol es incapaz de traspasar las nubes que sobrevuelan el Bernabeu y nieva de forma incesante sobre un verde que se quema por el hielo y se marchita. El madridismo, nosotros, somos la prueba fehaciente de que la tesis del doctor Carl Sagan y sus colegas de la universidad neoyorkina de Cornell era correcta, de que a una guerra nuclear no le sucede el rigor del infierno, un mundo calcinado por las llamas, sino un invierno perpetuo en que la vida perece por el frío. Porque soy cada vez más de la opinión de que los misiles de uno y otro lado hace tiempo que fueron lanzados desde los silos de Nevada y los submarinos desplegados en el Atlántico Norte, de que ya no hay remedio para el madridismo tuitero. Tendrá que venir una nueva generación de sentimiento merengue para que esto tenga remedio, totalmente distinta, con seres seguramente mutados, tal vez con superpoderes -quizá derivados de la exposición a la fuerza desatada del átomo, como en los tebeos Marvel-, algunos insospechados, asombrosos, como, por ejemplo, ser capaces de no fijarse en si un jugador es foráneo o canterano a la hora de valorarlo, o de si le escribió un tuit de despedida a Mourinho o le mandará Christmas al entrenador del Chelsea en estas inminentes Navidades. La guerra está servida y es contra nosotros mismos, contra el enemigo interno, contra los que ayer eran madridistas y ya no lo son, al decir de los acuñadores de carnets, que son otro diferentes, piperos que actúan como autómatas de los soviets, yihadistas que envainaron las espadas y ahora disfrutan con la paradas de Casillas porque simplemente suponen menos goles en contra.

Leo esta mañana a alguien proponiendo una quedada "Hashtahera", permítaseme el palabro, en el bar de borrachos, para tratar de imponer como Trending Topic la enésima petición de marcha de Iker Casillas, y me dan ganas de solicitar el comodín de la sensatez del público. Porque quizás existen días más adecuados para hacerlo, no uno después de cuajar el mostoleño una soberbia actuación en la Champions. Notable que no perfecta, porque si bien salva dos goles in extremis, uno puro fuego amigo de un transformado, en un tercer lance le saca las castañas del fuego el de las hamburguesas -ese al que el comité McDonalds le gusta señalar como el gordito de la clase, valga la paradoja-, y en el gol de Llorente probablemente pudo hacer más. El balón llegaba demasiado rápido y se avecinaba a esa tierra lejana y terrorífica tierra de nadie que para Casillas supone la linde de su área chica. Hizo amago de salir, pero enseguida trató de situarse correctamente bajo palos, su querencia casi irrenunciable. Prefiere morir junto a las tablas -de los listones en este caso, bajo ellos- como los toros mansos. El resto del fallo podemos atribuírselo a Varane, que sencillamente no tuvo su noche. dos goles en contra que bien pueden atribuírsele si se tiene la misma  sed de sangre que los anticasillistas o los antolopecistas. Se dejó "comer la tostada" por el veterano del Vietnam que ya es el nueve riojano. Criticar hoy a Casillas linda el ridículo, y no ya en su área chica, hablo incluso del área grande, de casi los aledaños del estadio, y es además contraproducente para el otro yerno predilecto del madridismo, esta vez de la bancada mourinhista. Si ayer hubo algún culpable de algo, que creo que no, fue el francés. Si empezamos a arrojarnos reproches los unos a los otros, piperos de los soviets y morinhistas del Mundo Libre, acabaremos embadurnados de crema como los personajes de cine mudo que acaban a tortazo limpio, pero con tortas de nata en vez de a puñetazos. El contacto físico es imposible en Twitter, aunque algún primavero no informado vaya con la bragueta bajada y tirándole los tejos, con poco éxito, gracias a Dios, a alguna célebre tuitera madridista de la tierra de Levante. No, hoy quizá sería el día ideal para hacer dormir el asunto Casillas, aunque sepamos que los ladrones de cuerpos se apoderan de nuestra alma durante el sueño. El ridículo puede ser brutal, y no todos los humoristas amateurs son tan ineptos, tienen tan poca bis cómica como Blatter, o este tipo, Nicolas de Marco, el que hace por lo visto los chistes en la web www.goal.com. Por lo que a mi respeta, es la primera noticia de este señor, y tiene pinta de que va a ser la última. El chiste del color de la tercera equipación del Real Madrid a costa de Arbeloa y su similitud con un cono de obra, ya era viejo hace meses, traerlo a colocación la víspera del partido en el estadio Comunale de Turín, en el campo de la Vequia Signora, estuvo sobrado de mala baba y corto de novedad y de gracia.

Vimos al máximo mandatario de la FIFA, monsieur Joseph, chiquitando en Oxford, un magno escenario digno quizá de más altas empresas, al menos menos ridículas, y más dr uno quiso hacerle lo que el protagonista de "La invasión de los ladrones de cuerpos" a la vaina gigante que encuentra una mañana en el invernadero de su casa. Kevin McCarthy -¿escogerían en el casting al actor sólo por el apellido? La coincidencia es ciertamente sugerente, juguetona-, Miles Bennell en la película, descubre al despertar una vaina extraterrestre en cuyo ápice empieza a formarse su propia cara y, lleno de horror, ensarta al ser en plena transformación en él mismo con una horquilla de esas para apilar heno - la américa rural, supongo, aunque se trate de un barrio residencial-. Quizá el mismo espanto que le embargue en esa escena sea el mismo que algunos yihadistas nos invade, nunca mejor dicho, cuando nos descubrimos editando algún tuit de crítica a Arbeloa, Diego López o al mismísimo yernísimo del mourinhismo, el JASP por excelencia de la plantilla, Varane. Tan joven, con tanto futuro, millonario ya. ¿Quien no lo querría para novio de su hija? Cierto que es algo morenito de piel, pero la campaña de la UEFA de "stop racism" ya nos va calando las conciencias. El bueno de Miles no volverá a dormir en la película tras ver el horror cara a cara, tras verse a si mismo en forma de vaina pipera gigantesca -¿Grefusa o Solano?, me pregunta alguien que otea mi escrito por encima de mi hombro mientras redacto. Pues no sé, no soy tan experto en la materia como los integrantes de la policía del pensamiento que "apatrulla" Twitter los días de partido-. El caso es que Blatter, madridista confeso, se nos debió transformar un día viendo un partido del Barça, que ciertamente es una actividad que induce al sueño, y ahora es un pipero que prefiere el tiqui-taca, el césped corto y húmedo, en la más pura ortodoxia de la erótica xaviniana, y a Messi como candidato ideal al Balón de Oro. Sus preferencias, sus burlas sobre todo, no eran de recibo en alguien con un cargo tan importante en el planeta fútbol, me replicaban cuando tuiteaba que había visto menosprecios mayores a jugadores madridistas en gente de la hinchada blanca, naranja algunas noches. Y contra eso cabe objetar poco, pero habría que dilucidar si nos duele que parodien a los nuestros, para tratar de contener, si la respuesta es sí, nuestras ansias de ridiculizar a los jugadores del Real Madrid. Ansias que cada vez veo más extendidas, que se propagan como la pólvora. Tenemos demasiados humoristas anti-madridistas en horario share como para encima contribuir de motu proprio a que aun sea mayor el esperpento. Cada mofa a Casillas, que supongo que todos querremos que levante la Décima, aunque sea jugando de forma espléndida en una hipotética final contra el Barça del Tata o el Bayern del amigo de Tito, pongo por caso, es otro ciudadano de Santa Mira, el pueblecito del señor Bennell, invadido en su ser interno por un ladrón de cuerpos, abducido por el piperismo  rampante en twitter, en detrimento de Diego López, que pierde apoyos a marchas forzadas, por las  mismas causa además por las que los perdió el santo que para con la mirada, al decir de los de la COPE: por la sobreprotección de sus partidarios y la inquina de los detractores con quien le disputa el puesto. Felicitémonos por tener dos grandes poteros, uno desde el año pasado, y el otro de vuelta tras dos años nefastos. En lo deportivo, en lo institucional la vuelta aun queda pendiente. Dejemos a un lado la psicosis de que nuestros jugadores ya no son quienes eran. Pepe de espíritu del Madrid pasó a ser en una sola noche en el Judas Iscariote en Los Hechos de los Apóstoles que redactan algunos blogueros los días de después de los encuentros, en los maitines, o en las vísperas a eso del cierre de la jornada. Marcelo de alegría de la huerta a causa de los enojos. Morata de promesa a juramento roto porque no estaba en la ortodoxia mourinhista que desdeña la cantera de oficio. Con Carvajal no cabe aducir transformación alguna porque, sencillamente, se le odió incluso antes de recalar en la plantilla, porque venía a discutirle el puesto a Arbeloa. Uno que muchos creen que jamás se transformará en pipero de los soviets, pero al que yo ví echar alguna que otra cabezada por su banda durante el partido de Liga contra el Sevilla, cuidado.



viernes, 1 de noviembre de 2013

El Fútbol y sus aledaños (146) - Una hoguera en la Luna

foton

Dudas y certezas de Xabi Alonso
Diego Torres
El país - Madrid - 31/10/2013

El jugador, que acaba contrato en 2014, está a la espera de que el Real Madrid le ofrezca una renovación que ve cada día más lejana tras el fichaje de Illarra

Carlo Ancelotti aparenta ser un hombre vacilante pero alberga pocas dudas. Después de pasarse medio verano entrenando con toda la plantilla del Madrid emitió un dictamen que todos sus interlocutores en el cuerpo técnico apuntaron de inmediato. Para el entrenador italiano el jugador más importante de todos era Xabi Alonso porque era el único que por sí mismo estaba capacitado para dotar de un orden al juego del equipo. Eso que Ancelotti, empleando un lenguaje manido, denomina “equilibrio”, eso que define una suerte de balance entre el ataque y la defensa, como si ambas actividades fueran impulsos independientes de un organismo colectivo que es preciso racionalizar, es exactamente la especialidad de Alonso.

Ancelotti tiene menos dudas respecto a Alonso de las que tiene el propio Alonso respecto a su situación en el club, y respecto al club en relación con Alonso. Ya lo repetía José Mourinho: en el Madrid todo es “política”. Precisamente Mourinho, que después de tres años de trabajo psicológico dejó pocos futbolistas en el Madrid que de verdad creyesen en él y uno de ellos fue Alonso. Tal vez porque pocos futbolistas en el mundo han aprendido a calcular mejor las derivadas políticas de sus actos en el club más político de todos. Casi nadie en Valdebebas se dio cuenta con tanto detalle lo que era preciso hacer para ganarse la consideración del poder, el aval de la propaganda oficial, y, por extensión, el apoyo casi unánime de una hinchada dividida. Alonso comprendió que debía estar junto a Mourinho aunque ello le llevara a enfrentarse a sus compañeros. Esa lealtad a la jerarquía le ha servido para que en el día de su regreso, tras cinco meses alejado de la competición por problemas físicos, la hinchada le aclamara con un furor difícil de ver últimamente. La clase de apoyo que Casillas y Ramos, sospechosos para sectores extremistas de la afición, han perdido en los últimos meses. La ovación del miércoles fue atronadora: “Alooooooonso, Alooooooonso…”

Ancelotti le considera el pilar del proyecto pero dicen en el vestuario que Alonso, hasta hace poco, no se lo ha terminado de creer. En el vestuario se tiene al italiano por un técnico “presidencialista”. Esto significa que, en caso de un conflicto de intereses con el presidente Florentino Pérez, acabará por plegarse a la estrategia de la cúpula directiva. Los jugadores observan que así como la dirigencia sustituyó a Özil por Isco bien podría sustituir, llegado el caso, a Alonso por Illarramendi. Más allá de lo que piense el técnico sobre el carácter fundamental de Alonso, la pregunta que muchos se hacen es lógica: ¿Qué tan fundamental es Alonso para Florentino Pérez? Estas consideraciones han embargado a Alonso en los últimos meses, según sus compañeros. El guipuzcoano acaba contrato en junio de 2014, se quedará libre para negociar con cualquier club a partir de enero, tiene buenas ofertas sobre la mesa y si sabe jugar sus cartas podría firmar un excelente contrato con 32 años. Como el Madrid no ha priorizado su renovación, al menos hasta ahora, Alonso ha optado por pensar en sí mismo antes que en nada. Mientras no reciba una oferta concreta del club, su objetivo sería marcharse libre, cobrar la prima de traspaso, y llegar al Mundial perfectamente a punto para despedirse a lo grande de la selección.

“Tenemos que darle minutos”, dijo el miércoles Ancelotti, cuando le preguntaron por el centrocampista vasco. “Alonso tiene muchas ganas de jugar y creo que está listo para hacerlo desde el principio. Se entrenó muy bien y ha hecho todo lo necesario para estar en una buena condición física. Sin embargo, creo que para él la condición física no es tan importante como para otros porque tiene unas cualidades excepcionales para comprender el juego. Por eso puede jugar aunque no esté al cien por cien”.

Ancelotti observa que Alonso no tiene una tipología precisamente atlética y podría costarle alcanzar su máximo nivel. Frente al Rayo considera que el medio centro podría ser cualquiera. Pero, puesto a imaginar los grandes partidos por venir, apostaría por Alonso antes que por Illarramendi, a quien juzga desatento para ciertas labores relacionadas con el “equilibrio”. Alonso, por su parte, salió encantado con el calor que le brindó el Bernabéu y aseguró en Canal+ que está listo para negociar. “Ahora”, dijo, “es el momento de empezar a hablar con el club de mi futuro. Mientras no estuviera bien no me sentía con ganas de hablar. Tengo muy buena comunicación con el club”.

Una hoguera en la Luna



Tiempo hacía que no leía a mi viejo amigo el novelista Torres. En otros tiempo, cuando militaba en La Yihad, cuando formaba parte de la guardia que custodiaba el muro, cada mañana barría la tierra de nadie con la mira telescópica de mi carabina para descubrir posibles enemigos reptando entre los cascotes, en el paisaje lunar que era (y sigue siendo) el periodismo deportivo español. Aunque imagino que la nieve se habrá derretido y habrá crecido la hierba entre los escombros, dando un aspecto más a escala de lo humano al territorio entre trincheras. En aquellos tiempos me sentía un "Centinela en el muro", y tras cada amanecer, tras apostarme con mi arma tras el PC buscaba francotiradores en el bando contrario. Alfredo Relaño y Diego Torres eran las dos piezas más codiciadas -no solo para mí, para cualquier miliciano enboscado-, tal como lo era el comandante König para Vasili Záitsev, o viceversa, aunque entonces teníamos más claro quien era el enemigo. Rezaba un dicho cuando yo hacía la mili: "Alerta centinela, el enemigo está dentro y no fuera", y tras más de 150 guardias militares doy fé de la sabiduría de estas palabras. Pero por muy enquistado que esté el peligro en la retaguardia, también acecha al otro lado del parapeto tras el que me cobijo del peligro, en el incierto territorio de las palabras de los diarios matutinos.

Ha cambiado el estilo d Diego Torre desde que no busco su silueta en mi mira. Diría que sí, pero tal vez sería una conclusión precipitada. Me alertó esta mañana @PseudoRMAD sobre su artículo de ayer jueves, vísperas enmascaradas de Haloween, y creí flipar un poco. La metáfora de reptar entre construcciones derruídas cobraba sentido, creía advertir intenciones más soterradas, más cerca del suelo para no ofrecer un blanco claro a los contrarios, menos explícitas que antes, a nuestro queridísimo enemigo Torres. Torres más altas han caído, pero para que lo haga esta tendría que derrumbarse bajo sus pies los cimientos bancarios del Grupo PRISA, que por lo que parecen deben ser de hormigón armado, como los rostros de algunos de sus periodistas en nómina, porque a pesar de que la ruína del negocio de tratar de crear cierto estado de opinión en la hinchada madridista desmuestra lo erróneo de su estrategia, el fuego graneado sigue proviniendo sobre todo de los diversos tenderetes franquiciados por este grupo editorial, en especial de AS. Con Torres ejerciendo de comandante König, utilizando como señuelo para atraer incautos hacia su tela de araña al mismísimo Xabi Alonso.

Xabi, lehendakari de ultras sur:

Si el artículo que encabeza el post es decididadamente sucio, más aun lo es el twit con que lo publicita en Twitter, cargado de malévolas intenciones y cobardía a parte iguales. Convengamos que el término Lehendakari aplicado a un vasco -en realidad navarro, por tolosarra, aunque criado futbolísticamente en Donosti, ciudad en la que, precísamente, el uso del término es menos inocente- para ser escuchado en Madrid, sede social del madridismo, donde más siniestro suena -los lenhendakaris eran esos señores que en mi adolescencia, cuando explotaba un bomba que se llevaba por delante a una docena de guardias civiles, número arriba, número abajo, salían por la tele a denunciar las torturas de presos políticos en las cárceles- está cargado de malicia, más aun si se mezcla con el término Ultra Sur, formación nutrida en sus tiempos más bizarros por perseguidores espontáneos, para apalizarlos, de simpatizantes de etarras y otras raleas del izquierdismo más radical. No, no es Lehendakari un término que pueda reprocharse, en especial si nos vestimos con las mejores galas de lo políticamente correcto, pero sí que está cargado de malicia, como el término Ultra Sur, que tiene peor defensa. Mezclados forman un cóctel difícil de tragar, una de esas mezclas explosivas que no deben ensayarse en los laboratorios de química cerca del quemador de gas. Mejor sería no acercar las manos siquiera a este tuit, no vaya a ser que me quede sin dedos al teclear esto que escribo. Pero sigo siendo un centinela, lo quiera o no. El madridismo es algo de lo que no se abjura. Puede llevarte por caminos equivocados, doy fé de ello, pero es una senda que una vez que se inicia no se abandona, te lleve a donde te lleve, y las palabras de Diego Torres, el novelista, merecen una respuesta. Rasparlascon una rasqueta para despegarlas de la sartén en que han sido cocinadas y tirarlas a la basura, a la bolsa negra para detritus orgánicos y basuras. Sigo pensando que "Todos estamos invitados", no cabe la indiferencia, tan culpables, o más, son los que hacen oídos sordos a las tesis de nuestros enemigos y fingen no conocerlas como quienes le dan su apoyo explícito.

En algo si que acierta el señor Torres en su artículo, Xabi Alonso cuenta con "el apoyo casi unánime de una hinchada dividida". Eso es bien cierto. Ni un pero desde cualquiera de las facciones madridistas, que los que tienen más vocación de esquematizar clasifican simplemente en Casillistas/piperos y yihadistas/mourinhistas. Al menos peros extra-futbolísticos, porque a su juego si se los han puesto, o a su estado de forma en momentos puntuales. Pero el respeto por Alonso, como dice Torres, es unánime, aunque lo quiera teñir del color de la sospecha y conferirle un sabor acre a lo que podría ser un punto de entendimiento con el que poder reiniciar el madridismo si lográramos apagarlo entre todos para parar tanto despropósito. No, el respeto no se debe a un desempeño político de sus tareas por parte del tolosarra, mucho menos a una traición a sus compañeros, ni al servilismo con su anterior entrenador. Arbeloa, también mourinhista confeso, vive una situación más tormentosa, en mitad de un incendio que amenaza con achicharrarle, iniciado en los papeles d los periódicos, que tan bien arden, y que ahora se propaga a las gradas. Pero la diferencia entre uno y otro es la discreción del navarro, frente a la militancia expresa del madrileño. A Arbeloa no le perdonan que diga lo que piensa, aunque la mayoría de sus declaraciones sean irreprochable, a veces puro desempeño de una capitanía que, a menudo, parece completamente huérfana, el propio Casillas ha reconocido su dejación de funciones. Pero Alonso es discreto, apenas habla, casi nunca interviene, al menos de puertas hacia afuera del vestuario, razón por la que, aunque dotado para el puesto, quizá con todas las cualidades óptimas para ello, jamás podría ser capitán del Real Madrid. De serlo probablemente perdería buena parte de su ascendente sobre la hinchada, esa situación de privilegio en lo moral que no en lo futbolístico que tanto irrita a Diego Torres. Quizás hable el rencor de la envidía, cualquiera sabe. Quizás el periodista argentino esperase un reconocimiento en el madridismo a su cruzada de encargo contra los mandatarios del club iniciada hace años y que continua tras la marcha de Mourinho con nuevos objetivos estratégicos. Florentino Pérez, Ancelotti y Alonso. ¿Y por qué Alonso? Tal vez porque es un muro de carga en el que se apoya la esperanza del madridismo en el futuro, derribarlo causaría estragos en la estructura del proyecto, el deportivo y el administrativo, y habría que volver a edificar con el solar vacío, quizá ya con la intervención decidida y aceptada de los arquitecto del Grupo PRISA.

Coincido con la interpretación, pura ficción por otra parte, no lo olvidemos, que Diego Torres hace de los pensamientos de Ancelotti: "Para el entrenador italiano el jugador más importante de todos era Xabi Alonso porque era el único que por sí mismo estaba capacitado para dotar de un orden al juego del equipo". a Alonso le recuerdo  haciéndole innumerables coberturas y relevos a Marcelo, por ejemplo, logrando que el brasileño brillara con esplendor en ataque durante los fastos futbolísticos de hace dos años, cuando el Real Madrid de Mourinho deslumbraba a todos, salvo a los que quisieron ponerse anteojeras para poder seguir ejerciendo desleal oposición. Alonso ha sido el centro de gravedad del equipo en los últimos años. Si su trabajo es circunscribía sobre todo a la defensa era porque el equipo estaba siendo dominado por el contrario, si se veía desbordado también lo era el colectivo, y si le veíamos frecuentar la frontal del área rival, poner las plantas de los pies en campo contrario, sabíamos que era casi el preludio de una fiesta de goles. Alonso es un jugador netamente defensivo, un retén de reserva para acudir a donde la lucha es más encarnizada. Lo mismo que Khedira es una reserva móvil, que puede operar tanto en defensa como en ataque -más en lo primero, aunque Ancelotti le esté queriendo dar más protagonismo en la construcción del juego, para lograra las prestaciones que le da a su selección nacional-, también lo es Alonso, aunque su radio de acción es mucho más limitado. Solo cuando el equipo está muy volcado en ataque, cuando domina los partidos, es cuando podemos ver sus pases en vertical en los desmarques que proponen los delanteros. Pero en un partido más igualado serán otros los recursos: la precisión en el pase en el arranque de las jugadas, los cambios de juego, reorientando la dirección del juego de una a otra banda con pases asombrosos que sobrevuelan todo el ancho del campo, o lo recorren en longitud. Alonso es un centro de gravedad en equilibrio estable, como dice Torres que dice su entorno de trabajo que dice Ancelotti. Lo que hemos encontrado con él, lo que nos da en el césped, es quizá insustituible, mucho más importante que lo que nos podría dar delante de los micrófonos, al menos esa es mi opinión. Alonso parece carecer d amistades peligrosas, como Ramos y Casillas, y también, aunque en menor grado -menos estridentes, circunscritas a ámbitos más reducidos, a Twitter sobre todo- Arbeloa.

A Torres parece dolerle esa imagen inmaculada de Alonso, lograda aplicando a su comportamiento la misma seriedad y discreción que aplica en el juego. Sabemos o, mejor dicho, intuímos como Torres, las querencias y la postura de Alonso en cada debate que se plantea, pero es raro que tengamos confirmación de las mismas, y es bueno que sea así. Pero a Torres, dada su vocación de pocero, le duele tanta pulcritud y trata de encontrar inmundicia en lo que brilla como los chorros del oro. Confunde la pulcritud con una fosa séptica, quizá por que mira hacia su interior más que hacia afuera, hacia aquello de lo que habla, analiza y califica. Como politiqueo califica su proceder en el club. "[...] pocos futbolistas en el mundo han aprendido a calcular mejor las derivadas políticas de sus actos en el club más político de todos", afirma de Alonso. La lealtad al líder, Mourinho, se supone que hipócrita, mercenaria, interesada, porque si no no sería politiqueo, entiendo, le habría rendido provechosos frutos en la forma de "la consideración del poder, el aval de la propaganda oficial" y la dulce y jugosa guinda "el día de su regreso, tras cinco meses alejado de la competición por problemas físicos" de que "la hinchada le aclamara con un furor difícil de ver últimamente". Su Torres utiliza la expresión "aval del poder" como eufemismo del sentir de presidente, Alonso no debe ser tan buen político como nos quiere hacer creer porque más adelante nos informa de las dudas que el futbolista y el madridismo en general albergan sobre el interés del presidente por la renovación del tolosarra. En la duda el jugador habría ido a  lo suyo, a buscar alternativas, contratos con otros clubs pudiendo contar con al prima por traspaso al llegar con la carta de libertad en la mano - ¿Quizá al Chelsea, señor Torres? Cuanto morbo- y a escalonar su puesta a punto para llegar fresco y en óptima forma al mundial de Brasil. Es decir, las pesetas antes que la lealtad, que para el caso es fingida,  y la ambición personal antes que los intereses del grupo del que forma parte. Don Diego tiene valor, como aquel personaje del cómic de la infancia de nuestros padres -bueno, de la de los míos y de la de vuestros abuelos-.

Tras el partido contra el Sevilla del pasado miércoles, el del pastel con 10 goles y la guinda de su ovación al empezar a calentar en la banda y al ingresar en el terreno de juego, ésta última atronadora, Alonso anunció que una vez en activo, superada su lesión, había llegado el momento de hablar con el club sobre su futuro. A Diego Torres le podrá parecer puro postureo sus declaraciones, politiqueo interesado pero, siendo postura forzada o natural, la que el tolosarra adquiere sin pensar cuando reflexiona sobre las cosas que le incumben, es desde luego también la correcta, esta sí poco habitual en los profesionales del fútbol. En los tiempos, a veces mitificados, de Bernabeu, los jugadores que se lesionaban eran renovados de forma automática por un año si la renovación estaba pendiente. Posponer las conversaciones ha sido un riesgo sin ninguna duda. Con 32 años ya, la necesidad de buscar un recambio a Alonso sucederá más pronto que tarde. A ello ya se ha puesto el club con el fichaje de Illarramendi. jugador casi mimético en apariencia, y cuya valía y capacidad para rendir al nivel de Alonso en los aparatados del juego en que el tolosarra es más efectivo dejo para los expertos. Los que se autotitulan como tales suelen afirmar que nadie se le parece tanto vestido de corto, y me lo creo. El Real Madrid tiene ya su sustituto, pero prefiere que el cambio de guardia sea progresivo, no traumático. Esa es la intuición que tenemos todos. Salvo el Xabi Alonso de ficción del Comic de Diego Valor que publica por entregas El País, que cavila dubitativo su futuro y calcula sus posibilidades con mentalidad de contable y corazón de ególatra.

El señor Torres solo siembra en este artículo intuiciones, rumores, ideas nacidas de su fantasía para que crezcan poco a poco en artículos posteriores y poder cosecharlos en forma de bulos y mentiras la víspera de un encuentro grande. Ese es su estilo. Ya me estoy imaginando lo que podrá decir algún día si le conviene:

1) "Sus compañeros de vestuario ven estos días a Illarra más callado de lo habitual, lo ven murmurar por lo bajo, quejoso, poco atento en los entrenamientos, y probablemente la razón sea la marginación que sufre por parte de Ancelotti, que tiene órdenes de  arriba de dar prioridad en las alineaciones a Alonso para agilizar las negociaciones para su renovación".

2) "Un ayudante de Ancelotti se sorprendió al escuchar sin querer a Alonso una conversación telefónica y oir claramente pronunciar al Tolosarra el nombre Xosé. Quizá por eso se le haya visto últimamente, al decir de sus compañeros, desinteresado por los entrenamientos, porque se ve pronto lejos de Valdebebas".

3) "Los ayudantes de Ancelotti, incluido su yerno, que fue rápido a chivarse a su mujer, no hay secretos entre quienes comparten cama, ven estos días taciturno a su jefe, desinteresado por dirigir los entrenamiento, más callado de lo habitual, delegando la tarea de impartir órdenes a su segundo, el locuaz y autoritario Zidane. Quizá su estado de ánimo se deba a que se le vió discutir con Florentino Pérez hace poco. Las voces se oían a un kilómetro a la redonda del Santiago Bernabéu. Carlo trataba de convencer a su presidente de la necesidad de renovar a Alonso y el otro le respondía que se contentara con Illarra, que había que ahorrar para el galáctico  a fichar el día del cierre del mercado del próximo verano"

No, no es difícil imitar el estilo literario de Diego Valor. Ciencia Ficción de clase B, novelillas gráficas a imitación de las de Flash Gordon, con dulces damiselas que buscan la protección de formidos astronáutas que se desinteresan de los entrrnamientos al verlas combreando las caderas por los calles de Puerto Marte. Hasta es posible que los tres argumentos que esbozo se concreten en  los correspondientes artículos novelados, todos ellos, aun contando con líneas argumentales secundarias que se contradicen unas con otras. Son muchos los mundos que recorrer en compañía de la morena que imita de forma torpe los gestos de Dale Arden en la portada del tebeo. Una morena que quizá se llame Fantasy y sea princesa dl Planeta Mongo. La mies de la mentira es mucha y mucha será por tanto la siega. Hay que sembrar para cosechar, lo dice hasta la Biblia. No, no me refiero a la página de editoriales de El País si no a la que puede encontrarse en el cajón de la mesita de noche de cualquier hotel decente de los EE.UU., como dice la leyenda urbana. Hay "Una fogata en la Luna", reza el título de la aventura de Diego Valor, y me barrunto que se trata de la quema de los rastrojos de la última cosecha de mentiras, tras trillar y separar el grano de la paja. Y ya sabemos que en la luna no hay atmósfera y, por tanto, no es posible el fuego, pero Diego Valor cuenta con la complicidad de sus lectores, para que se crean los mundos imaginarios que les describe en sus textos. Tampoco Jodorowsky se atenía a lo científicamente plausible cuando le escribía los argumentos a Moebius, tampoco nos pongamos tiquismiquis. Que valor tienes, Diego, que grande es el pistolón de rayos desintegradores que blandes -seguro que fue con él con el que mandaste a Mourinho a la Premier- y que mona es la morena que agarras por la cintura. ¿No será la hermana de Juanma Castaño? Venga, lo dejo, que ésto se va de las manos. No, la morena no, este articulillo.